2 sept 2011

Lagartija

Octubre 2009

Es americana. Americana de Sant Antoni de Vilamajor, que no sé por dónde queda… pero debe quedar muy lejos.
Andamos conociéndonos. Como ni ella habla castellano, ni yo inglés, pues la cosa va despacio.
La he bautizado Lagartija, por su vocación rural y caminera.
Ha llegado para que La Peregrina pase a segunda actividad, que le llaman ahora.

Cada vez que tengo ocasión, repito que mi ilusión infantil no cumplida fue tener una bicicleta. Los posibles, y los imposibles, impidieron que aquel sueño se hiciese realidad. Ya van años y aún recuerdo cuantas veces se me fueron los ojos, y las ganas, detrás de la bicicleta de otros más afortunados. Quizás por eso también llegue a la madurez, no sé si a madurar, con la dentadura completa.
En esto de las dos ruedas hice el camino al revés; llegué a tener moto sin haber tenido bicicleta. Muy posiblemente aprendiera a montar en la de un amigo.
Ya de mayor, de muy mayor, La Peregrina satisfizo ese arraigado sueño. Ahora, a los umbrales de la senectud, ya pocos sueños van quedando. Quizás ilusiones, caprichos, antojos, niñerías de persona mayor.

En cualquier caso, es definitivo es que la bicicleta es una buena compañera.
Hay veinticuatro razones, veinticuatro, por las que debe preferirse la compañía de una bicicleta a la de una mujer. Si su merced está interesado en alguna de ellas, yo no tengo inconveniente alguno en ilustrarle.
Por lo pronto, a modo de presentación, les dejo con una imagen de Lagartija.
La verán a menudo.
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Velefique 2009 / la espantá.

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DSC_0185 ... del Capitán Pedales > DSC_0069

junio 2009

Un año más, me invitaron los locos esos del Tikitaka para subir al alto de Velefique.
Subir y bajar, claro, que una vez en la cima no puede uno quedarse arriba.
La cita era el 28 de junio, cuando menog caló jase.
No acabo yo de entender el afán de los cicleros en triscar montes, cuanto más empinaos mejor, conocidas las excelencias turísticas que presentan rutas como las de Almería al Cabo, o a Las Salinas de Roquetas, donde a lo llano del terreno y a la compañía de la brisa del mar, se une la alegría para los ojos que supone una playa llena de bikinis.

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> la cita era a las nueve.

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Se lo consulté a la Peregrina, que me dijo, sin complejos, que allí iban a subir mis santos cojones. Que aún le dolían los pedales de lo del año pasado. Cada día se vuelve más lenguaraz y grosera. Será por vieja.
Se lo consulté a la Nikón, que me dijo que bueno… que siempre que la llevara a cuestas.

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> afilando pedales.

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Así que esta vez, abandonao de la Peregrina, oficie de intrépido reportero en zona de conflicto bélico, al acecho y vigilia de algún ciclista espachurrao, cosa de la que, a dios gracias, no tuvimos noticias.

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> tribus.

¿Saben sus mercedes quién fue Sidi Abuh Ishaq Ibrahim?
Pues si en lugar de subir y bajar trochas a lomos de una bicicleta, se sentaran a charlar con los lugareños, llegarían al conocimiento que fue el primer velefiqueño en salir en los papeles, en hacer hablar de su pueblo. Y sin bicicleta. Poeta y santón del Islam, quizás uno de los beréberes refugiados de la reina Kahima, ya se ocupó el buen hombre allá por el siglo VIII, que Velefique empezara a ser conocido allende el cerro del Portillo o el desierto de Tabernas.

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Les cuento esto por mitigar, en lo posible, la aridez de tanta bicicleta junta. Ciento setenta y cinco, según los organizadores. Organizadores que, esta vez si, ya tenían preparado un plan B para el acaso de que algún ciclista se descalabrara, más bajando que subiendo, en los barrancos de los Filabres.

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> aire puro, puro estilo, puro músculo, pura cuesta... pa que nos vamos a engañar.

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Lo que no varió la organización fue el eufemismo ese de “bajada técnica”, que tanta sorpresa me causó el año pasado y tanta gracia me hizo este. Bajada cabrona, deberían llamarle, y así ningún confiado pedalero se llamaría a engaño.
Y es que, el arroz de después, sabe mucho mejor cuando se conservan todos los dientes.

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> bajada técnica-1

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> bajada técnica-2

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> bajada técnica-3

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También eche en falta el toque femenino. El pirata Miguelón me contaba –y yo que lo vi con estos ojitos- que Belén, que cerraba mi última crónica Cabogatera, se encuentra en estado de buena esperanza y que por ello había cambiado la bicicleta por la mesa de jueces. Acertada y obligada decisión.

También me decía Miguelón, alma mater del invento este, que había otras dos chicas. Una de ellas, a la que se había entregado el trofeo a la ciclera más veterana, se había desplazado desde la manchega Ciudad Real atraída por el reclamo que supuso esta misma crónica el año pasado. Y ya tiene mérito… que Ciudad Real no está Pechina. Me habría gustado conocerla. Me habría gustado traerla aquí. Una crónica del Capitán Pedales sin que aparezca una mujer por algún lado, en primera persona, desmerece un montón.

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> bajada técnica-4... o, éste si que sabe.

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> bajada técnica-5

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> consecuencia lógica de andar haciendo bajadas técnicas.

Así que este año, a falta de experiencias propiamente cicleras, les voy a dejar mis fotografías que, al fin y al cabo, es para lo que me llamaron.

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> teoría del esfuerzo - 1ª y 2ª parte

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Resumamos que fue un disfrute. Disfrutamos de la bicicleta, del paisaje, de la ruta, de los amigos, del arroz del maestro Antonio Gazquez y de la innegable hospitalidad de los vecinos de Velefique. Mi enhorabuena a José Antonio Ibañez, que llegó el primero, en poco más de dos horas. Y a José Antonio Hernández, que llegó el último (éste echó el día). Porque aquí tiene mérito llegar, aunque sea el último; y más mérito si llegas con todos los huesos en su sitio y la bicicleta de una pieza.

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> esperando a los niños de las bicicletas.

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> esperando el arroz del maestro Antonio Gázquez.


A mí, esperadme el año que viene... si ustedes quieren y puede ser.

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NOTA DEL CAPITÁN PEDALES:

Si cualquier persona reflejada en este reportaje -recogidas a puro azar- desea apearse del mismo, sólo tiene que hacermelo llegar a través de cualquier componente del club Tikitaka.

Como siempre, se agradecen comentarios.


¡Que la Pilarica nos ampare!

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03- el amanecer nos sorprende contando si estamos todos.

Octubre 2008

Ardor guerrero vibra en nuestras voces…
El ansia altiva de los grandes hechos…


Como tengo el corazón blandito, los piratas del tiki-taka me enredan una y otra vez. O quizás sea que me va la marcha. O que hay vicios a los que, atávicamente , no quiere uno renunciar.
El caso es que, un año más, di con mi culo sobre el sillín de la Peregrina para participar en ese paseo-paliza anual que han dado en llamar “Ruta ciclo-turística al Cabo de Gata” y que disfrutamos en los primeros días del suave Octubre.
Al paseo, junten la cercanía del mar, el sol, la brisa suave, la agradable compañía y el camino, el sendero, un motivo para llegar. Todo eso junto hacen al biciclero un ratico feliz, algo para aprovechar, que la felicidad como concepto general ya saben sus mercedes que es una utopía.



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05- en el pelotón, es de vital importancia fijar un buen punto de referencia.
Esta foto está reemplazada; la guapa original se negó a compartir su belleza con nosotros. Pero aún la guardo en mi memoría; en la del disco duro y en la otra.

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05- cicleros a mogollón.

Uno, el más aventajado de los ciclistas piltrafillas, viene siempre a pensar que este año puede ser el último y desoyendo aquello de “carrera que el caballo no da en el cuerpo la lleva” termina por agarrarse al manillar y enfilar el contorno de la Almadraba de Monteleva, allá lejana, cuando los flecos del sol empiezan a asomar tras la sierra del Cabo.

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13- este año, mi nueva montura me permitió rodar siempre en el grupo de cabecera.

Y como de tontos está el mundo lleno, fuimos un montón. Tan montón que, aunque brevemente, nos vimos en la obligación de ocupar/compartir alguna que otra carreterilla ante la desesperación de automovilistas domingueros que, jurando en sánscrito, se acordaron del padre de Merck, Anquetill y del señor Vélez, el de un servidor; sobre todo del señor Vélez.

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17- la hora de la siesta, del avituallamiento, de la risa franca.

Nada de particular, como cantaba Bosé, en el trayecto de ida y vuelta. Nadie se escalabró. Ninguno mordió el polvo del camino. Si acaso que cada vez quieren llegar antes y más lejos. Altius, citius, fortius.
Este año hubo más ciclistas; un diez para la organización. Este año no hubo sorteo de regalitos; tirón de orejas para la organización.
La buena voluntad y el ánimo alegre a espuertas; abrazo de compañero y amigo para Miguelón, Andrés y compañía, soldados con los que me enrolaba yo en cualquier guerra. Vale quien sirve.

La Musa no me acompañó esta vez. Por eso me veo en la obligación de sustituir letras por imágenes. Me voy haciendo mayor.


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37- el regreso.

Vigor, firmeza y constancia…
Valor en por de la Gloria…

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28- Como el pedalear es simplemente la excusa, no tengo inconveniente en bajarme de la Peregrina para posar los ojos en el paisaje.

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35- ... he dicho en el "paisaje".
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Y que la Pilarica, el año que viene, nos dé salud para volver a ser protagonista de las mismas tonterías.
¡Salud, amigos!

Velefique 2008 / Nuevas aventuras del Capitán Pedales

junio 2008
La Peregrina dice que esta me la guarda. Que no son formas, ni modos, de tratar a una veterana. Que sus tiempos de mocedad y cometer locuras quedaron muy atrás. Tan atrás como el domingo 15, maravilloso día de Junio en el que el afamado club ciclista Tikitaka organizaba la primera subida al puerto especial de Velefique en la categoría “a ver si puedo”.


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Debo decir en mi descargo que acudí embaucado.
Que si eran sólo 45 kilómetros; que si estaba muy bien organizado; que el paraje era de una belleza extraordinaria; que tras la prueba habría una paella y cerveza en abundancia; que me echarían de menos si no acudía; que la biblia en pasta...

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>a estas reuniones suele acudir gente de todo pelo

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>y de ningún pelo.

Y allí nos presentamos La Peregrina y yo, ella tan ricamente acomodada en el portabicis del Ibiza.
Enseguida se nos vio la cara de pardillos. Enseguida La Peregrina enrojeció al reconocerse la más piltrafilla entre tanto maquinón como se exhibía en la plaza de Velefique.

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>el 16, me han dado el 16.

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>la ceremonia de colocar el dorsal a la cabalgadura.

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>siempre, el toque femenino.

Velefique es un pueblito situado en la Sierra de los Filabres, donde Cristo conoció a la Magdalena, al pie del puerto del Portillo. Doscientos cincuenta habitantes contando las cabras y las gallinas. Casas encaladas y calles limpias, muy limpias. Pizarra en los tejados, geranios en las ventanas y jazmines en los rincones. Y al estar tan alto, tan cerquita del sol, un calor del copón.
Sin hacer ruido, disimuladamente, nos acercamos al control de salida. Me pegaron en el culo el número 16. La Peregrina miraba hacia otro lado. Yo miré hacia el cartel que mostraba el trazado del paseo. Básicamente subir 1.200 metros en doce kilómetros por una carretera asfaltada y sinuosa, hasta llegar al alto del Portillo, puerto especial en la Vuelta Ciclista a España. Allí, ya por caminos, veredas, trochas y bancales, bajar esos 1.000 metros por el lado norte hasta llegar al fondo del valle. Saludar a Pascasio, que estará allí pastando sus cabras y por más caminos, veredas, trochas y bancales volver a subir al alto del Portillo. Si sobrevives, bajar hacia Velefique campo a través. Mejor dicho, sierra a través. Total, unos 45 kilómetros; en eso si tenían razón.
El maillot se me aflojó un poco. Tanto que decidí que los primeros doce kilómetros, los del tramo asfaltado, los haríamos La Peregrina y yo en el coche escoba, como así hicimos tan ricamente. La experiencia es un grado.

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>la salida

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>la vereda se empina.

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>unos suben tan ricamente.

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>y otros suben como pueden.

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>no es broma… es así.

Una vez en el alto del Portillo, apretados los machos y aflojados los nervios, miré hacia el fondo del valle y tal era la distancia que no acertaba a distinguirlo. Pero allí estaba. Allí tendría que estar. Entre morir subiendo o bajando, siempre es preferible hacerlo bajando; es más rápido.
Así que... a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga. ¡P’abajo!.

La primera parte de la bajada no era dificultosa en exceso. Sobretodo para gente que, como el Capitán Pedales, bajaba para sobrevivir. En esas estaba cuando me sobrepasó una bicicleta a reacción que luego resultó pilotada por el irresponsable que ganó la prueba, sacando más de dos horas de ventaja a los piltrafas como yo. Sé que era una bicicleta porque un pastor la vio cuando subía el puerto, algo más despacio.
Cuando el límite de la bruma quedó atrás, el camino se convirtió en una ciénaga pantanosa más propia de los cocodrilos del Dundee que de una prueba ciclista. Aquí presencie, divertido, el primer talegazo de la mañana. Mientras la gente de orden pasaba la ciénaga/camino pie a tierra y tirando como buenamente se podía del ciclo, un inconsciente atolondrado pretendió hacerlo a lomos de su montura y a todo gas. Su cabalgadura debió meter la rueda delantera en una oquedad del terreno, el atolondrado voló sobre el manillar de la bicicleta y unos diez metros más allá aterrizó en el charco con gran estrépito, salpicar de lodo y regocijo de las ranas del lugar.
-¿Tas hecho algo?, pregunté aguantándome la risa.
-Na... no m’hecho na, respondió mientras se tocaba los riñones para ver si los tenía los dos.
Arrancó su bicicleta del barro, volvió a montar en ella y partió disparado como si lo persiguiese el diablo.
-¿Adónde irá con tanta bulla?, me pregunté.
En esos instantes eche de menos haber colocado en el bolso mi pequeña cámara fotográfica, pues aparte de fotografiar muerdecardos como este, en las verdes laderas que más parecían de Cantabria que de Almería se situaban, de cuando en cuando, coquetos abrigos de pastores construidos todos ellos con pizarra y muy bien conservados, abrigos que me hubiera gustado colgar en mi álbum.

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>subida pronunciada.

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Llegado al fondo del valle, y como no vi al Pascasio por ningún lado, inicie la subida por una pista forestal, que hace de cortafuegos en el bosque de pinos y que aparecía muy presentable tanto en el firme como en la inclinación. Por unos kilómetros hice el ciclismo de paseo que me gusta. Oía cantar los pájaros, silbar el aire en el pinar y podía entretenerme viendo correr lagartos y lagartijas por aquellos caminos tan poco hollados por los bichos de dos patas.
Pero la alegría dura poco en casa del pobre. No llevaba recorridos ni tres kilómetros cuando una banda blanquiroja cortaba el camino y un cartel con fecha incluida me anunciaba que debía abandonar el camino y continuar la subida por entre los pinos del bosque. “Subida Pronunciada” rezaba el cartelito. Traducido al cristiano aquello significaba que el que trazó el itinerario de la prueba era un hijo de puta. Con lo bien que íbamos por el camino.
La bicicleta a los lomos, jurando en arameo, sudando hasta por las uñas, retornamos al fin a la pista forestal algo así como 1.200 metros más arriba. Otros cuatro o cinco kilómetros más de pista forestal y llegamos al segundo punto de avituallamiento, otra vez en el alto del Portillo. Que aburrimiento, tú.

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>lo que he de hacer para contaros algo.

Quedaba bajar a Velefique.
“Bajada Técnica” avisaba el cartelito. ¡Los muy cabrones!.
Bajada Técnica significa que aquello no lo bajan ni las cabras de Cazorla.
Iniciamos el descenso por una vereda, y lo de vereda es un decir, formada por riscos pizarrosos sueltos y amarraos que hacían imposible el paso de nada que llevara ruedas. En otros tramos, definitivamente, la vereda desaparecía y la sustituía la dichosa cinta blanca y roja con la que la organización señalaba el lugar donde debería estar el camino. Pero como por la cinta no puedes rodar, no te quedaba otra que echarte la bici al lomo o metértela debajo del brazo e intentar bajar, juntos pero sin despeñaros. Unos tres kilómetros de bajada técnica.

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>por ahí se ha de bajar.

Aprovecho el momento para advertir a mis muy queridos Tikitakeros de la irresponsabilidad técnica que supuso esta bajada. Supongamos que un escorpión cabreao por las visitas sale de debajo de una lasca de aquellas y te pica en un huevo. Digamos que el huevo se te inflama y te impide seguir andando y, mucho menos sentarte en la bicicleta. ¿Quién saca de allí a la víctima? ¿Tenían apalabrao algún helicóptero? ¿Cuál era la estrategia de rescate? ¿Cuál el plan B?. ¿Cuál es el precio real de un huevo?. Estoy seguro que para próximas excursiones tendrán en cuenta nimiedades como esta.
Al tramo de bajada técnica le sustituyo otro de “bajada peligrosa”. Bajada peligrosa significa que ya no hay cantos sueltos, ni rocas que impidan rodar, ni matojos que se te puedan clavar en el ojo. Bajada peligrosa significa que ya hay camino, pero con una pendiente superior al 15% que más invita al despeñamiento que a la bajada. Como La Peregrina carece de frenos que puedan sujetarla ante tamaña pendiente, hube de sujetarla a golpe de brazo, riñón y clavada de rodillas. Me dolían los dedos de tirar de las riendas del caballo. También me dolían los brazos, las rodillas, el pelo, los ojos y las espinillas por detrás. De tanto montar y desmontar, del roce de los pedales metálicos en las espinillas, las ramas y las piedras sueltas, me habían dejado las piernas como las del santo cristo. Y el cogote me lo había quemado el sol.

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>creando afición

Cuando al fin doble la última curva que daba vista al pueblo convine que Dios existe y que no es ciclista. Las primeras calle me acogieron como al hijo pródigo. En la meta me esperaban los míos, mitad incrédulos mitad angustiados.
Al verme aparecer gritaron:
-Es él, es él, -como si de una aparición se tratase, pues todos me daban ya por perdido.

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>es él, es él.

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>¡p’haberse matao!

Mi aspecto debía mover a la compasión, y rápidamente me pusieron a la sombra y me ofrecieron un té con hielo.
Luego un arroz ofrecido por la organización, al que le sobró sol.
Luego entrega de trofeos a los ganadores y sorteo en el que no resulté favorecido.
Mientras yo me comía el arroz, las moscas se comían la sangre pegada a mis piernas. Un alma caritativa hizo ademán de espantarlas. Daba igual, si no me había matado el camino no me iba a matar una mosca más o menos. Eso si, un poco guarro quedaba.

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Esta noche he dormido mal. El cansancio ha espantado el sueño y he soñado que me despeñaba por un tajo y mi cadáver era velado por las cabras del Pascasio, que sentado bajo un pino se escojonaba de la risa. Con todo, no he amanecido muy perjudicado. Ya no me duelen más que cuatro o cinco cosillas.

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>están ustedes locos.

De cualquier forma, ya he jurado a La Peregrina que no nos volvemos a apuntar a ninguna otra en que las cabras anden cerca.
Lugares donde te acaricie la brisa del mar y lo único que veas tendido al sol sean las titis de caderas ondulantes es lo que nos conviene.
Lo nuestro, decididamente, es el paseo marítimo.